Abrí los ojos, vi de nuevo la caja que me encierra, la caja que me obliga a ver cosas maravillosas y horrendas, abrí los ojos y vi una mujer preciosa parada frente a mí, ella desnuda, yo con pijama, "ven a mí", dijo ella, froté fuertemente mis ojos con las manos, ella seguía allí, "¿qué quieres?", le pregunté, "te quiero a ti", respondió.
Me bajé de la cama, me bajé el pantalón, saqué el bacín que estaba debajo de la cama y oriné, sacudí bien mi miembro, me subí el pantalón y me volví a echar en mi cama, "¿quieres orinar tú también?", le pregunté, ¿para qué?", me dijo con una mirada extraña, "no sé, pensé de que te provocaría", respondí aquella pregunta que era una respuesta a mi pregunta, "¿por qué no vienes?¿acaso no te gusto?", me preguntó tiernamente, llevando la cabeza hacia abajo y mirándome con la boquita entristecida, no sabía que responder, era hermosa, pero mi camita estaba caliente, no podía despegarme de ésta, "¿por qué no vienes tú?", le pregunté.
Me comenzaba a poner nervioso, su presencia era perturbadora, miraba sus ojos celestes, sus senos perfectos que mis ojos no lo palpaban completamente, sus cabellos dorados y ondeados que los tapaban parcialmente, su curvatura ventral era increíble, pero qué voy a hacer, estaba echado, mis sábanas me abrigaban como nunca, el colchón me agarraba, no podía hacer nada, se sentó en el sillón que se encuentra al pie de mi cama, "tócame, por favor, tócame, ¿por qué me haces esto?¿por qué te haces el difícil?" me dijo con voz de suplicio, no sabía qué hacer, comenzaban sus ojos a gotear, "¿¡qué haces!?, no hagas eso, me vas a hacer sentir mal", le dije extremadamente nervioso, comenzaba a fluir mi tic nervioso; se me cerraba el ojo derecho, no podía hacer nada, "ven, ayúdame, calma mi sed, ven" se dirigía a mí con esas palabras, entonces le pregunté: "¿por qué no vienes tú?".
No sabía qué me sujetaba, no sabía qué era, trataba de pararme, pero no podía, "No vayas, no lo hagas por favor, trato de ayudarte", dijo mi almohada, quedé pasmado e inmóvil por un momento, "¿qué pasa?", le pregunté, "trato de ayudarte", respondió aquel trapo que encontrábase debajo mi cabeza, "pero ella me necesita no ves que está llorando", le dije un poco molesto, "no lo hagas, sólo te podrá soltar el colchón si lo deseas", dijo estas palabras, mientras ella, tan hermosa, sentada en aquel sillón, llorando desconsoladamente decía: "ven, ven por favor", no sé por qué, pero algo me olía mal, aaaaa, ya sé, era el orín que estaba debajo mi cama, me bajé de ésta, saqué el bacín, lo boté por la ventana, regresé a mi cama, me eché, puse las sábanas encima mío, "Hazme tuya, quiero que estés dentro mío", volvió a hablarme ella llorando, "no puedo ir, no me quiere soltar mi colchón""sólo párate y ven""pero, ¿por qué no vienes tú?".
"No lo hagas, te lo digo por experiencia", dijo la almohada, "qué experiencia vas a tener tú si sólo eres un trapo, que ni sé por qué estás hablando, así que ahora mismo le vas a decir al colchón que me suelte y a las sábanas que se despeguen de mí", le dije más molesto aún, "ningún hombre me ama, yo quiero sólo eso, que alguien me ame, nada más", dijo aún llorando, "pero eres hermosísima, cualquier hombre caería rendido a tus pies, no sé por qué me has escogido a mí", aduje tratando de animarla, me rompía el corazón ver algo tan hermoso que se destruía por culpa del llanto, cada ves me sentía más desesperado, ya no sabía que decirle para que dejara de llorar. Estaba un tanto afligido porque el colchón no tenía nada encima, mi cuerpo estaba directamente rozando con el colchón, éste me sujetaba cada ves más, las sábanas más pegadas aún a mi cuerpo y la almohada que no paraba de "aconsejarme", como ella decía, "ven, ¿por qué no vienes?, decía la mujer constantemente, "¿por qué no vienes tú?".
En aquel momento de desesperación hice lo que me dijo que haga la almohada, "quiero ir donde ella para calmar su llanto y llenarla de dicha", deseé esto, tristemente se calló la almohada, me soltó el colchón y se despegaron de mí las sábanas, "Ahora sí voy a ir donde ti", le dije a la mujer, instantáneamente dejó de llorar, se paró dejando al descubierto su belleza, "ven, ahora sí hazme feliz", dijo ella con una sonrisa hermosísima, bajé de la cama, caminé hacia ella, la agarré de la mano, la llevé hacia mi cama, nos recostamos, "Ahora sí me has hecho feliz", dijo ella, nos quedamos dormidos. Cuando llegó la hora de abrir los ojos ella se encontraba sola en la cama, ahora el colchón ya tenía algo encima.
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